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Xosé Manuel Cabada Vázquez (1901 - 1936)
Nació en 1901 en Barro (Codeseda). Fue maestro nacional y diácono, licenciándose en 1931 en Filosofía y Letras (Sección Historia).
Destacó como poeta y escritor, siendo sus obras más conocidas el libro de poemas Vagalumes (1931) y la traducción al gallego del Catecismo del Padre Astete.
También fue colaborador de algunas revistas y periódicos como el Faro de Vigo, El Emigrado, El Pueblo Gallego, Céltiga o Vida Gallega.
El último cargo que desempeñó fue el de director del Instituto de Linares (Jaén).
Falleció en esa localidad el 2 de abril de 1936. Sus restos no fueron trasladados a Codeseda hasta el año 1962.
Su obra fue reeditada en 1969.
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Poema O San Mauro de Codeseda |
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"O que do reuma
sandar quixera,
veña ó San Mauro
de Codeseda.
Vellas e vellos,
nenas e nenos,
mozas e mozos,
vinde correndo.
Ricos e probes,
sans e doentes,
chegade axiña
e sen deterse. |
¡Xa os automobles
chegan lixeiros,
acugulados
de forasteiros!
¡Que de presentes
tran para o Santo!
¡Que de portentos
e de miragros!....
Toca, gaiteiro,
leda alborada,
que a festa de hoxe
ha ser sonada. |
Onse os foguetes
e mailas bombas,
e a xente toda
troula que troula.
¡Ala, mociños,
vellos e nenos,
cara ó San Mauro
vinde correndo!
Veredes cousas
que han de admirarvos.
Se non é certo...,
¡rápenme os diaños!" |
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Pinchando aquí podrás ver el resto de su obra |
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José Pena Eirín “El Médico Pena” (1900 - 1987)
José Pena Eirín nació en Abragán-Codeseda el 2 de Octubre de 1900. Era hijo de Virtudes Eirín Rivas y de Genaro Pena Eirín.
Obtuvo el titulo de Bachiller en la Universidad Literaria de Santiago de Compostela el día 7 de Mayo de 1920. Se licenció en la Facultad de Medicina con la calificación de Sobresaliente el 21 de Julio de 1928 y fue nombrado Médico Tocólogo, por Concurso-Oposición, el 22 de Julio de 1935, para la comarca de Codeseda, en donde ejerció durante 42 años.
El “Médico Pena” representó perfectamente al clásico médico de pueblo. Persona bien integrada en el medio rural, fue siempre amable con sus paisanos y siempre su amigo. Tenía buen “ojo clínico” y era buen conocedor de todos los antecedentes médicos del paciente y de sus familiares.
Era muy madrugador, le gustaba “estrenar el día”. Con frecuencia se le veía pasar por el centro de Codeseda, a media mañana, en aquellos días de pleno invierno con lluvia, frío y viento, montado en su caballo, con su capote negro y una manta sobre las rodillas. Aunque llegase tarde a casa, siempre atendía primero a los pacientes que le estaban esperando.
Por las tardes salía con su bastón de caña, que él mismo hacía, acompañado de su perro, a tomar café y jugar al dominó. Tomaba siempre café solo, negro decía él, y muy caliente. Si se retrasaba en tomarlo, porque el juego le entretenía, entonces regañaba a la persona que le atendía y le pedía otro bien caliente. Si alguien venía a consultarle y se acercaba al bar y preguntaba si dentro estaba el médico Pena, la contestación era: “si debe estar porque o can está ahí fora, na porta”.
Cuando visitaba a algún enfermo por las tardes, siempre iba caminando. Solía regresar con una rosa silvestre en el ojal de la solapa. Seguramente queda en el recuerdo de todos los que vivieron aquellos años, la imagen del “médico Pena” paseando por la carretera y leyendo el periódico, con el bastón bajo el brazo.
Nunca tuvo casa propia y tampoco coche; decía que este era un gasto innecesario. Aquellos eran los tiempos de la post-guerra y había que mantener a cinco hijos. En lo económico, para con los pacientes, era totalmente desinteresado. Con frecuencia, al terminar una consulta, y cuando le preguntaban que le debían, él contestaba: “vete de aquí, no me debes nada”.
Era una persona ecuánime que sabía escuchar a todos y a la vez era también un buen conversador. Valoraba mucho la amistad. Decía que había conseguido terminar la carrera de medicina porque había tenido la suerte de encontrar buenos amigos.
Con la perspectiva de hoy, se podría decir que, posiblemente, fue un gran observador de la vida social y política de los años veinte y también de los anteriores y posteriores a la Guerra Civil Española y a la Segunda Guerra Mundial. Conocía bien la pobreza y la miseria de los pueblos de la Galicia de principios del siglo pasado. Estuvo tres años destinado en África haciendo el servicio militar como soldado del cuerpo sanitario. Seguramente todo esto le formó como hombre entregado a los demás.
Era una persona independiente y liberal: libertad de pensamiento, de forma de vida, etc, etc., pero siempre con respeto. Nunca criticaba a otras personas, si bien no soportaba a los “caciques”, a los “curanderos” de los pueblos y lo mismo pasaba con las “meigas”. Decía que “o caciquismo” e “o dereito de pernada” eran dos lacras sociales y muy arraigadas en Galicia.
Tuvo siempre una gran autoridad moral que le hacía ser respetado por todos los que le trataron. Era amigo de los curas, pero no era muy religioso y también de los militares, a los que más de una vez les echó un buen rapapolvo; al igual que a sus propios pacientes y paisanos cuando, a altas horas de la noche, se iban a curar las heridas causadas en alguna trifulca.
Le gustaba su profesión a la que se entregó plenamente. Nunca se permitió unas vacaciones. En su vida personal y familiar fue una persona muy austera. Comía poco y siempre lo mismo. Era un fumador empedernido y nunca bebía alcohol. Cuando le insistían para que tomase algo, siempre contestaba que no, que su úlcera de estomago no se lo permitía. Con frecuencia decía: “yo ya he bebido antes……..”
Pero no sería justo hablar de la personalidad del “médico Pena” sin tener en cuenta a su esposa. En este caso también es válido ese refrán que dice que: “detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer”. Esa fue Manolita Chicharro. Una mujer que llegó muy joven a Codeseda, y que pronto se integró plenamente en la vida del pueblo. Fue considerada por muchos, como la mujer más guapa de Santiago de Compostela, allá por los años 30.
El día 20 de Febrero del año 1971, le ofrecieron en Codeseda un gran homenaje. Se celebró una misa y una comida en casa de Alfonso “O Panadeiro”. Le regalaron una bandeja en la cual se puede leer la siguiente inscripción:
“Homenaje Popular
al Dr. D. JOSÉ PENA EIRÍN
que desde hace 42 años ejerce la Medicina en
esta comarca, con desinteresada y abnegada labor.
El es para sus enfermos, no solo médico,
sino consejero, guía y amigo.
Su vida es un hermoso ejemplo de amor
a su trabajo y sus semejantes.
La deuda que con él tenemos contraída
nunca podríamos pagarla.
Por ello le ofrecemos nuestro respeto,
nuestro afecto y nuestra gratitud “ |
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El contenido de estas frases define bien, quién fue para sus paisanos “el Médico Pena”.
Al homenaje asistieron gran número de personas de Codeseda y de todos los pueblos de la comarca que él atendía. Asistió también el Decano de la Facultad de Medicina de Santiago, el Alcalde de La Estrada y otros muchos amigos que él tenía en Caldas, Cuntis, Moraña, Forcarey, etc. En los días anteriores al homenaje se decía por Codeseda que había que asistir “anque fose en parihuelas”. La noticia se publicó en la prensa de Pontevedra y Santiago.
Los últimos años de su vida los pasó en Pontevedra, donde falleció el día 12 de Abril de 1987.
Mi agradecimiento a los hermanos Pena Chicharro, que muy amablemente me facilitaron los datos genealógicos, fechas y la fotografía.
Texto elaborado por Luís Manuel Ferro Pego
Fotografías de Genaro Pena Chicharro
Junio de 2009 |
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Cayetano Manuel Taboada Sotelo (1817 - 1892) |
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Nació en Codeseda el día 18 de febrero de 1817 y bautizado al día siguiente, fueron sus padrinos de bautismo sus tíos don Cayetano y doña Manuela Vázquez Sotelo. Hijo de don Luis Taboada Vaamonde, natural de Bendoiro Lalín, escribano de su Majestad y de doña María Antonia Joaquina Vázquez Sotelo y Losada, natural del pazo de a Silva Orazo, esta fue dotata con 1.000 ducados.
Nieto por línea paterna de don Pedro Antonio Taboada, poseedor del vínculo y mayorazgo de los Taboadas en san Martiño de Prado (Lalín) y de doña Ana María Baamonde Cortes, señora de la casa de Codeseda. El vínculo y mayorazgo de Codeseda fue fundado en 1721, con el foro del lugar de Currelos y el del Casal de Barro, por don Domingo Vázquez Sotelo, escribano de número de su Majestad y por su esposa doña Ana María Vallejo Castro y Montenegro.
Por la materna de don Antonio Miguel Vázquez Sotelo y Mariño de Lobeira, señor de los mayorazgos y vínculos de las casas y pazos de A Silva y de Ribas y de doña Manuela Antonia Jacoba Losada y Navia, señora del pazo de Fontanes en san Find de Lois.
Contrae esponsales el día 9 de julio de 1855 en la colegiata del Sar en Santiago de Compostela con doña Magdalena Rivas Martínez. Falleció doña Magdalena, en 1880 y su esposo en su casa de Codeseda el día 19 de marzo de 1892, siendo enterrado en el cementerio parroquial de san Jorge de Codeseda . De este matrimonio quedaron dos hijas Socorro y Dolores, que tuvieron descendencia y con el devenir de los tiempos pasaron a ser los actuales propietarios de la casa de Codeseda.
Heredó diversos bienes del pazo de Ribas en Escuadro-Silleda la mitad de los del pazo de a Silva en Orazo y el vínculo de la casa y casona de los Taboadas en san Martiño de Prado –Lalín, tras hacer partijas el 17 de noviembre de 1862 con sus hermanas Joaquina y María Josefa. Mediante esta partija Cayetano se quedó con la mitad del pazo da Silva de las tierras y rentas, repartiéndose la otra mitad las dos hermanas. Heredó el mayorazgo de Codeseda.
Estudió en la Universidad de Santiago, donde obtuvo el grado de bachiller en leyes. Con fecha 8 de julio de 1841 se examinó en A Coruña y fue aprobado para abogado de la Audiencia Territorial de A Coruña, lo que le daba competencia para ejercer de abogado en todo el Reino.
Concejal y Primer Teniente de alcalde del concello de A Estrada nombrado por su Majestad el 8 de diciembre de 1846. Procurador Síndico en 1849, Secretario general de la junta de agricultura, industria y comercio de la provincia de Ourense en 1860. Diputado a Cortes en 1872 y 1874. Tenía despacho de abogado en el partido judicial de Tabeiros.
Hombre intrépido, de gran influencia y destacado emprendedor, sobresalen las obras en vías de comunicación en las que aparece en varios documentos. No llegó a ser alcalde de A Estrada, a pesar de figurar como tal en alguna placa conmemorativa que trataremos más adelante.
Siendo Teniente de Alcalde del concello de A Estrada mandó construir el puente en la parroquia de Souto que se encuentra sobre el río Umia, un poco más abajo de la iglesia parroquial, y en el centro del mismo hizo colocar una piedra con esta inscripción.- este puente se construyó por disposición del alcalde licenciado don Cayetano Taboada sotelo año 1847.
En un documento fechado en A Estrada el día 8 del mes de marzo, año de 1851, se redacta la construcción de los puentes de Abragan en Codeseda y el de Liñares en la cantidad de 12.000 reales los dos. Donde aparece la figura del licenciado don Cayetano Taboada Sotelo.
Así mismo en otro documento datado en marzo de 1847, don Cayetano ejercía labores de Primer Teniente de Alcalde Presidente Interino del ayuntamiento Constitucional de A Estrada. En dicho documento se redacta un pliego de condiciones para realizar un puente en Xerliz- Guimarei.
Y como no podría ser de otra manera en un documento relativo al traslado de la iglesia de San Paio de Figueroa a la capital municipal allá por el año 1856 de nuevo encontramos al licenciado don Cayetano Taboada Sotelo, junto al regidor municipal que por aquella época era don Juan García Fernández, formando el expediente de planos, presupuestos y pliego de condiciones en el que intervino el arquitecto don Domingo Lareo. Esta iglesia permaneció abierta al culto hasta el año 1935, en que se construyó la actual. Don Juan García Fernández, abogado de los tribunales del Reino y Alcalde Presidente de ayuntamiento de A Estrada, era vecino de Codeseda, llegando a ocupar hasta en cuatro ocasiones el sillón de regidor de esta joven villa. |
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Texto elaborado por Luís Manuel Ferro Pego
Dibujo de Javier García Gómez |
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Manuel Alfredo Álvarez Souto "Alfredo da Queixeira" (1920 - 2011) - "Embajador de Gallegos" |
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 Nació el día 8 de diciembre de 1920, en la casa de “A Queixeira” en el lugar de A Devesa, parroquia de Codeseda. Fueron sus padres Alfredo Álvarez Vaamonde y Josefa Souto Trabadela. De este matrimonio hubo también una hija llamada María del Carmen, que contrae esponsales con José Fragoso Picallo, teniendo dos hijos, Alfredo y Manuel.
Me cuentan sus compañeros y buenos amigos de su época infantil y adolescente, que era un muchacho admirable. Cuando llegaba el verano se iban todos a bañar al rio Umia que atraviesa la localidad y en el lugar conocido por A Sieira, se bañaban estos jóvenes que eran muchos por aquella época. Había un árbol al pie del río de una considerable altura, y a cada rama se le daba una categoría, siendo la de más prestigio la más alta, pocos o tan solo uno era capaz de zambullirse en el agua desde esta última, este era Alfredo muchacho de gran valor y coraje, se lanzada desde ella dejando perplejos a sus compañeros de baño.
Fueron pasando los años y este joven, intrépido se encuentra aprendiendo a conducir en A Estrada con Pancho, taxista estradense que poseía tres vehículos. En una España inmersa en una guerra fratricida, la miseria y penuria invadía las casas campesinas, donde eran requisados los alimentos para el frente. Cuando aun no contaba la mayoría de edad, no dudo este muchacho en alistarse como voluntario, estando destinado en el frente de Asturias, donde combatió en primera línea, y en más de una ocasión comentaba. “Que non morreu por que Deus non quixo” alcanzando con el paso del tiempo el destino de conductor de un jefe militar, que con el paso de los años alcanzaría el grado de general.
Finalizada la Guerra Civil, se traslada a la ciudad de Salamanca y sigue como conductor del general, que le tiene gran estima al joven gallego. Allí conoce a doña Teodora Redondo, con la que contrae esponsales. De este matrimonio quedaron dos hijas, María José, que le daría dos nietos, Isidro y María José. Lucía, que igual que su hermana le da otros dos nietos llamados Alberto y Marta.
 Alfredo trabaja en la empresa familiar, de traslado de reses, que poseen su suegro y dos hermanos más, pero Alfredo, hombre emprendedor anima a su suegro a montar la empresa de trasportes de reses bravas entre los dos. Y aquí es donde comienza a florecer esta gran empresa. Durante su dilatada trayectoria alcanza el cargo de gerente general de la empresa Álvarez Mosquete. Esto hace que Alfredo se relacione con lo mejor del mundo de la tauromaquia en especial con la salamantina, conoce a muchos toreros, pero al que de verdad aprecia y admira es a Santiago Martín “El Viti”, natural de Vitigudino de donde le viene el apelativo. Tiene trato directo con todos los ganaderos de los que obtiene una gran confianza depositando todos sus intereses en la empresa de Alfredo.
Alfredo estaba tan integrado en Salamanca, siendo muy querido y respetado, que muchos incluidos la prensa le conocían, por Alfredo Álvarez Mosquete. Y había quien decía que por ir al lado de Alfredo se podía llegar a pagar. Alfredo hablaba el francés correctamente, probablemente debido a los muchos viajes que realizaba al sur de Francia.
 Primo Vázquez Borrajeiros, natural de Trabadela perteneciente a la parroquia de Ribela de este concello, y vecino de la ciudad de Pontevedra, que en la actualidad cuanta con 84 años de edad y con una mente despierta y lúcida, quien me relata que comenzó a trabajar con Alfredo en Salamanca, allá por el año de 1953 y permaneció en la empresa MOSQUETE, seis años, en la conducción y traslado de reses bravas a la mayoría de plazas de toros españolas, y las del sur de Francia. Cuando comenzó disponían de camiones muy viejos, que con el paso del tiempo adquirieron dos camiones importados de Inglaterra. Renovándose constantemente llegando a disponer de la mejor flota de trasportes del mercado.
Por su casa pasaron muchos vecinos de Codeseda en particular, y de Galicia en general, todos eran bien recibidos, Alfredo se mostraba agradable y cercano a ellos, recorriendo con ellos los rincones más bellos de la magnífica ciudad de Salamanca de la que era un enamorado.
Nos ha dejado este apreciado y distinguido amigo, en febrero de 2011. Alfredo permanece en el recuerdo de todas aquellas personas que le han tratado y admirado, muchos han sido los que me hablaron mucho y bien de este personaje y en lo que todos coinciden es en nombrarle Embajador de los Gallegos.
Una de las personas que durante años trató a nuestro amigo Alfredo, fue Genaro Pena Chicharro, natural de Codeseda, y en la actualidad vecino de Madrid, quien muy amablemente nos remite un resumen muy detallado que nos confirma como era Alfredo Álvarez Souto. Sirva este breve artículo para ensalzar las nobles virtudes de este hijo de Codeseda que siempre mantuvo la morriña de su tierra extrañándola y amándola con todo fervor. |
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Texto elaborado por Luís Manuel Ferro Pego |
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Notas sobre mi amistad con Alfredo. Texto de Genaro Pena.
Conocí a Alfredo en Salamanca allá por el año 1967. Fue durante una visita que mis padres hicieron a ésta ciudad, pues en aquellos años yo estaba trabajando en Dragados y Construcciones para la construcción de la Presa de Almendra, situada en el rio Tormes, pocos kilómetros antes de su desembocadura al Duero.
Cuando mis padres llegaron a Salamanca pronto preguntaron por Alfredo y éste fue a saludarles, junto con su esposa, al hotel donde estaban alojados. Yo tenía que trabajar y fue Alfredo el que les enseñó la ciudad y les acompañó durante los cuatro días que allí estuvieron. Les invitó a su casa y siempre les trató con las máximas atenciones posibles.
Recuerdo una anécdota: uno de aquellos días mi madre tuvo un fuerte dolor de muelas y fue Alfredo el que personalmente la llevó a la consulta del mejor dentista que por aquella época había en Salamanca y que además era buen amigo suyo. Inmediatamente mi madre fue magníficamente atendida. Debido a su amistad con Alfredo el Doctor no cobró nada por las dos visitas que mi madre tuvo que hacer y en las dos veces Alfredo acompañó a mis padres.
Algunos meses después invité a Alfredo, a su esposa y a sus dos hijas a la fiesta que todos los años organizábamos en el recinto de la obra. Allí había trabajando casi tres mil personas y la gran mayoría éramos gallegos.
Aquel año yo formaba parte de la comisión de festejos y Alfredo me había asesorado bastante. Allí llevamos a la orquesta de “Chucho de Troans” (Cuntis) y a las mejores “pulpeiras” de Orense. Las sardinas y el vino Albariño llegaron a la zona de Cambados. Un carnicero de Chantada, buen amigo mío, sacrificó varios becerros para asar en pleno campo salmantino. Alfredo conocía también al carnicero.
El día principal de la fiesta, Alfredo con su familia comieron en la residencia en la que yo vivía. Todavía recuerdo el abrazo que se dieron Alfredo y el encargado de la residencia, cuando se vieron. Ambos se habían conocido haciendo “la mili” en Salamanca.
Durante esa época Alfredo fue el chofer del general jefe del regimiento de Salamanca. Pasando el tiempo Adolfo, que así se llamaba el encargado, me hablaría mucho de Alfredo, de su simpatía y del gran aprecio que le tenían sus compañeros. Desde entonces yo fui el mejor tratado de entre los 24 residentes.
En aquellos años yo estaba todavía soltero, pero ya conocía a la que años más tarde sería mi esposa. Curiosamente Alfredo conocía también a su familia. Todos los fines de semana que yo iba a Salamanca me encontraba a Alfredo. A primera hora de la tarde lo veía en el Gran Hotel y a medio día en la cafetería Toscano.
En todas partes era Alfredo una persona querida y apreciada. Recuerdo que unos días antes de casarnos, el dueño y encargado de la cafetería “El Corzo” de Salamanca cerró a medio día para ofrecernos un gran aperitivo a los novios y a Alfredo; nos acompañaban también los camareros de turno.
Alfredo era una persona muy querida y conocida en Salamanca, sobre todo por la “cuernocracia salmantina “apelativo con el que eran conocidas las gentes del “mundo del toro”. Alfredo era conocido también por el nombre de Mosquete o Alfredo Mosquete. Este sobrenombre le venía de su suegro que tenía una empresa de transporte de ganado con seis u ocho camiones, llamada “transportes Mosquete”.
Todas las ganaderías salmantinas trabajaban con Alfredo, tanto para llevar ganado bravo a las corridas de toros, como para trasladarlo entre las distintas fincas. Prácticamente todo el ganado bravo que salía de Salamanca para las corridas de toros de Barcelona, Valencia, Sevilla y las plazas de toros del sur de Francia se cargaba en los camiones de “Transportes Mosquete”.
En el Gran Hotel de Salamanca, lugar donde se reunían los ganaderos, pasamos juntos Alfredo y yo muchos y muy buenos ratos por las tardes. Alfredo jugaba con frecuencia a los dados y siempre ganaba. Nunca le vi jugar a las cartas o al dominó. Recuerdo a Don Alipio Pérez, que por aquellas fechas era el “gran patriarca de la cuernocracia salmantina” que cuando entraba a tomar café siempre saludaba a Alfredo y decía sonriente y dirigiéndose a los compañeros de partida: “Alfredo os ganará siempre”.
Alfredo respiraba felicidad y transmitía felicidad a todas las personas que le acompañaban o le conocían. Un buen amigo mío y también de Alfredo, me dijo un día que “se podía pagar por estar al lado de Alfredo”.
Alfredo fue una persona que sabía dialogar. Todo lo que él hablaba parecía interesante y sabía escuchar con atención a sus interlocutores. Siempre parecía estar alegre. Tenía una sonrisa plena, franca y agradable en su rostro y sus ojos también sonreían.
Le gustaba mucho hablar de Codeseda y siempre que regresaba de visitar a su familia me contaba con detalle donde y con quien había estado.
Alfredo asistió a mi boda y yo asistí también a la boda de la de una de sus hijas que se casó en Salamanca.
Hubo una época en la que Alfredo y yo tuvimos bastante relación con Manolo Garrido, sobrino de “Abelina do Ferreiro” de Codeseda. Yo conocía a Manolo de cuando siendo joven venía a Codeseda a pasar unos días en el verano a casa sus tíos. Fue Alfredo el que nos contó aquel dicho que dice: “se queres que non te queimen as moxicas, cheiralle o cu o Ferreiro”. También, para mejor rematar una cuestión, con frecuencia decía: “…espera, que por un pouco de fariña non queden as papa ralas..” y después decía o hacía lo conveniente.
Alfredo se encontraba muy a gusto en Salamanca. Con frecuencia me repetía: “vive en Salamanca por mal que te vaya y bebe agua del Tormes por turbia que vaya”.
Pasear con Alfredo por las calles de Salamanca era ir saludando a todas las personas que pasaban a nuestro lado. Recuerdo las risas de Santiago Martín “el Viti” un día que nos encontramos con Alfredo. Íbamos mi cuñado Sixto, Santiago y yo paseando y nos encontramos con Alfredo que pronto empezó a recordar con Santiago las tardes de toros y sus “aventuras” en Barcelona.
La última vez que vi a Alfredo fue hace doce o tal vez quince años. Recuerdo que iba cruzando una calle ya muy cerca de su casa y le acompañaba uno de sus nietos, que en aquel entonces era ya Ingeniero de Caminos. También conocí a una sus nietas, una chica muy guapa y con un gran parecido a su abuelo. La chica asistió a la boda de una de mis sobrinas de Salamanca. |
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Texto elaborado por Genaro Pena y Luís Manuel Ferro Pego |
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Esta sección está abierta a historias de cualquier persona de Codeseda, tanto del pasado como de la actualidad. Si conoces alguna interesante, envíanosla a nuestro correo y la publicaremos. |
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